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Rider 1000 a lomos de una Honda CB650R

¡Buenas noches MOTOS!,

Como algunos ya habréis visto en el canal de YouTube, Honda nos invitó a participar en la Rider 1000 (en su versión de 500 km… que son más que suficientes) pero con un reto, hacerla a lomos de la nueva CB650R, parte de la familia Neo Sports Café de la marca del ala dorada.

Os podéis imaginar, que viniendo de mi, que tengo un don para meterme en líos y aventuras varias, la jornada no fue precisamente tranquilita… y menos por las carreteritas por las que transcurría la ruta.

Fue una jornada bastante larga marcada por la inestabilidad meteorológica que, por suerte, nos respetó hasta media tarde.

Nos lo tomamos con calma ya que aún arrastramos la lesión del verano pasado y nos limita un poco sobretodo en rutas largas.

La Honda CB650R se portó como una campeona devorando km en todos los terrenos en las que le tocó batallar, a pesar de eso hay que reconocer que no es una moto preparada para este tipo de aventuras ya que el asiento es muy duro y la suspensión bastante seca y, eso sí, eché de menos que no fuera regulable.

A pesar de ello es una moto muy ágil y ligera que hace que sea muy fácil de conducir en todo tipo de terrenos y condiciones, ya sea en asfalto, en gravilla, en mojado (donde el control de tracción tiene un tacto exquisito), en curvas ratoneras, en trazados rápidos, creo que es una moto muy polivalente y apta para todo tipo de circunstancias.

Al caer la noche pude poner a prueba aquello que me tenía tan enamorada de ese modelo… el faro. Sinceramente me decepcionó un poco, supongo que por las altas expectativas que había puesto en la iluminación LED del mismo y es que esperaba que fuera capaz de alumbrar más que otras motos más del estilo de mi CBR 600RR y no fue así. Está claro que no se puede esperar que alumbre lo mismo que una moto trail preparada para recorridos de curvas bajo las estrellas así que tampoco calificaría el faro como un punto negativo.

La vuelta a casa fue la parte más dura del día, el cansancio acumulado y una fría noche no son buenas compañeras para disfrutar de una ruta nocturna… llegué a casa que los ojos me hacían chiribitas y me dolían hasta las pestañas.

En el próximo post os cuento un poquito más respecto las sensaciones que me transmitió a lo largo de todo el fin de semana, ya que no me conformé con la ruta de la Rider… tenía que llevarme esa preciosidad a mi terreno para probar de verdad qué era capaz de ofrecer.

Os veo en el siguiente post… ¡¡ GAS !!

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